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«Más difícil que tragar veneno
es aceptarlo.
Aceptar que mi amor
de raíz interminable
se hizo estéril para despertarte.
Sí, examor,
pasan los meses reflexivos
y no logro comprenderlo.
No comprendo
esa ternura mínima
que en ti miraba pálida.
¿Por qué dejaste
que agonizara nuestro tiempo?
Ahora ya no puede retornar,
el sol derritió su marcha atrás.
Examor, desperdiciaste los momentos,
y ahora se deslizan
sin ropaje por el frío.
A no evocarlos da lugar
sentir su piel entumecida,
porque solo me recuerdan lastimosos
lo breve de tus cambios prometidos.
Y más difícil que gritar sin voz
es comprenderlo.»