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Luz tenue de los días cubiertos
que templan pulsos
y entibian miradas gélidas.
Fuego que arde furioso dentro
en expresiones sin rictus
que pudiesen predecirlo.
Árboles que se inclinan
al pasar la gente a modo de saludo o de protesta,
según como los sentidos sintonicen.
Instantes que se hacen grises entre penas,
pero salpicados con gotas de alegría.
Nubes que se cruzan tímidas y sonrientes
entre negros días de invierno
para entregar pausas a jornadas ajetreadas.
Frustraciones que no son absolutas,
que no abdican totalmente a la esperanza.
Invierno fuera y dentro
que hiela pulsos y gestos,
pero que también regala calma,
pequeños trozos de colores no obvios
a quien conecta su interior a ellos.
Se puede sonreír también bajo las lluvias y truenos,
bajo el viento y fríos drásticos,
igual como se puede encontrar luz
en medio de pérdidas, quiebres y llantos,
en la mitad de los inviernos del mundo o del corazón.