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Infinitamente luminosa,
vuelve a derrotar la oscuridad
esa noche de Belén jubilosa.
En ella emerge
Cristo sonriente
en latidos
sedientos de amor.
Como ayer,
como hoy,
como siempre.
Como un milagro
que se hace carne
en brillos de miradas.
El Cielo y la Tierra
se unen como
nuestras manos.
Y ya no quedan
círculos por cerrar,
ya no existe amor impotente
ante las sombras.
Esa luz
con cara de hombre
trajo su mensaje eterno
de amor sin límites
ni direcciones selectivas.
Amando al amigo y enemigo,
al que nos anima
y al que aporta lágrimas.
Esa noche, con vocación
de día eterno,
cuando la paz
alcanzó su plenitud
desparramada por los siglos,
reluce hoy como nunca
o como siempre.
Infinitas noches
de paz y amor
en las que el milagro
ha crecido en
sus pilares infinitos.
El Júbilo Universal
se posa hoy
en nuestras almas.
En un tejido
de alegría espiritual,
generaciones su mirada unen
en torno a aquel
de alma divina y corazón humano.
Se aferran de sus brazos cariñosos,
inagotables de esperanza y luz,
en su viaje por los tiempos.
Viaje de vida verdadera
que se hizo eterno,
como eterno es el amor y la vida
en su mensaje luminoso.
Como ayer,
como hoy,
como siempre.