«Escuchando en el crepúsculo tu voz,
se marca en mí una sonrisa inacabable.
Sonrío dibujando la alegría de mi alma,
claramente graficando
lo grandioso que me ocurre.
Alegría, alegría sin claudicar
es lo que no dejo de sentir
cuando cercana te percibo.
Escuchando atentamente tu decir,
resuenan mis latidos.
Al compás dulce de tu voz,
de ti ansiosos, danzan mis sentidos.
Y yo quiero oírte cada instante,
porque extrañan tus sentidos mis oídos
cuando no aparecen melodiosos en su nido.
Te escucho al caer la tarde,
y en esa caída mis ánimos se elevan poderosos,
iluminándose el día por anticipado.
Un rosal de suspiros
adorna mis pulmones
desde que apareciste triunfal,
porque un milagro llamado tú
en mi reino receptivo ocurre,
escuchando en cada encuentro
tu voz en el crepúsculo.»
