Amor de hiedra
que trepa pulsos y vertientes,
toma mis días de la mano
para que junto a los tuyos
se amen más allá del tiempo.
Hazlo, portadora del recuerdo futuro
porque ya no cabe nada más que tu esplendor
en la amplia estancia de mi vida.
Has llenado lo recóndito
con un sutil abrazo parpadeante.
Las leyes de mis compases vitales se trocan;
tu imagen es la portada de mi nuevo código.
Nada recuerdo
de instantes que no sean los nuestros
ni de amores extraviados
en días sin sol.
Mis labios
olvidaron todas las palabras,
solo recuerdan tu nombre
y cómo venerarte.
Mis ojos
dejaron de ver contornos de planicies,
solo ven fija
tu imagen de luna que reclamo.
Mis pies
pierden su rumbo,
solo van hasta la morada
de tus rastros.
Mis manos
encrespan lo sensible de su esencia,
solo quieren alcanzarte,
esencia que recrea lo que amo.
Y hasta mi alma
no recuerda los ritmos
de otros sentimientos,
porque su querer predilecto
se ha plegado a tu sombra.
De pronto,
recuerdo todo nuevamente.
Aprendo a guiar
otra vez mis pasos.
Pero ahora
todo está teñido
con la dirección fragante
de tus surcos
y me dejo encaminar
por tus riscos
de seguridad tierna.
