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«Y extravío tu mirada entre puentes cercenados
llenos de tu ausencia.
Ni las lágrimas en extensión fatal
logran rescatarte del silencio que marcha victorioso.
Ese silencio que marchita mi alegría,
esas palabras que le entregaré solitario al viento.
Te extrañaré cuando el sol se entuma
con la frialdad del viento sin tu nombre.
Miraré borroso el sol entre mis lágrimas
que reclaman agotadas tus caricias no entregadas,
tantas veces añoradas.
Pero logro comprender el todo,
hermoso símbolo volcánico.
Mis latidos se rindieron ante tu luz de otra galaxia,
demasiado lejana para mi humilde planeta.
Extrañaré tu fulgor de estrella inalcanzable,
pero te despido solazándome otra vez
con tu luz que se apaga poco a poco
en el futuro arrebatado de tu abrazo tibio,
en el extravío sin final de mi mirada
en tu mirada evaporada.»